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Juan Manuel Miñarro y Enrique Lobo / Foto: Francisco SantiagoEnrique Lobo Lozano es sin duda alguna, un valor a tener en cuenta en el marco de la imaginería actual.  Y para mi es un verdadero honor encabezar  su página web con  estas líneas  a modo de breve presentación. Y además es una satisfacción  personal, puesto que a Enrique  me unen  unos fortísimos lazos de  amistad muy bien cimentada. Pues bien, por lo anteriormente expuesto, pueden pensar que el contenido de este texto va a partir  de la subjetividad  y  del cariño. Desde luego  los humanos  por definición  somos seres  subjetivos,  pero podemos intentar por los menos, no ser parciales; y este es el ejercicio que me he propuesto para hablar de Enrique Lobo Lozano, como maestro y artista. Artista que al día de hoy, se nos muestra consumado  a fuerza de los años  y del esfuerzo que lleva dedicado al oficio de la madera, y a la formación de jóvenes en el seno de las escuelas talleres. 

Enrique Lobo dedico toda su juventud a formarse en el oficio; en aquellos años de abiertas ilusiones y esperanza, fue muy importante para él las experiencias vividas junto al escultor Antonio García Romero, hoy profesor activo en  la Facultad de Bellas Artes de Sevilla. De la mano de Antonio, pasó por las aulas de la Escuela De Artes y Oficios Artísticos, para más adelante recalar, aunque por espacio corto de tiempo,  en el taller del imaginero  Luis Álvarez Duarte,  hecho que sin dudas, continuó  reforzando su  decidida vocación.  Y fue también  por  aquella época,  más o  menos,  cuando coincidimos por primera vez  en el aula de imaginería policroma de la Facultad de Bellas Artes,  por aquellos días, yo le estaba haciendo un retrato a mi amigo Antonio García Romero y coincidentemente  en el mismo lugar, un genial maestro,  Luis Ortega Bru, sacaba de puntos  las cabezas de las figuras de la Sagrada Cena de Sevilla.    Ese fue nuestro primer encuentro, para poco tiempo después continuar con una larga relación de aprendizaje, colaboraciones,  y miles de vivencias que han ido llenado nuestras vidas,    afianzado los lazos que hasta el día de hoy nos mantienen  íntimamente unidos.

Eos años dedicados al magisterio en las escuelas talleres de Utrera, Diputación Provincial de Sevilla, Catedral de Sevilla, Iglesia de Santa Ana de Sevilla y actualmente, en un nuevo proyecto recientemente puesto en marcha en Camas;  han ido llenando casi 20 años continuados de dedicación a la enseñanza. Hecho que ha supuesto para nuestro artista, un enriquecimiento personal extraordinario,  lo  que  le ha otorgado  una experiencia y una  madurez difícilmente superable.

En dichas escuelas ha desarrollado contenidos relacionados con la ebanistería,  la talla ornamental  y  la restauración de mobiliario. De exquisito habría que calificar, el resultado de la restauración del coro y el órgano de la Iglesia de Santa Ana, catedral  de Triana,  llevada  a cabo durante los últimos años. Y como ejemplo de labor personal, destacar la restauración completa del paso de Cristo del Cerro del Águila,  con un tratamiento de la madera  que ha otorgado nuevos valores a  la obra de Manolo Duran,  eliminando los barnizados a pistola que deslucían una exquisita labor de talla.  En contrapartida,  su  dedicación a la realización de una obra personal se ha visto mermada  y ha estado supeditada a las labores docentes anteriormente expuestas. Pero como dice nuestro sabio refranero: “para muestra con un botón basta”  y en los últimos dos años  Enrique Lobo nos ha ofrecido  algunos de  “esos botones”. Tres imágenes cristíferas, que sin dudas representan con claridad el perfil artístico  y humano de Enrique: conocimiento creativo del oficio; sinceridad consigo mismo,  por lo que no hace  concesiones a los prototipos dulzones tan tristemente abundantes; inclinación por el expresionismo, buscando el carácter de la obra por encima del detalle o el virtuosismo hueco. Fíjense  en las fotos de estas tres obras, en estas imágenes Enrique ha proyectado  su devoción por  “el Jesús del Gran Poder”, que le acompaña desde niño, y la belleza morena y varonil del Nazareno  de los Gitanos.

Ein mas les dejo con los contenidos de la pagina, con un brindis por la amistad,  por la vocación que  a ambos nos alimenta, y además el brindis lo hago con un poco de sentido orgullo, por sentirme en parte responsable  de los que bulle en el corazón del artista.

Juan Manuel Miñarro López

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